martes, 11 de agosto de 2015

La malhadada expedición del general Torrijos

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Españoles: van a cumplirse siete años que, esperando del gobierno algún remedio, gime oprimida España: y al cabo de siete años de gobierno, burlando todas las esperanzas, cada vez más sordo a los consejos de la razón y la experiencia, cada vez más ciego en su furor de vengarse y de extirpar toda idea de libertad entre nosotros, no hace más que agravar nuestras miserias, y parece que aspira solamente a que este hermoso país deje de contarse en el número de los pueblos civilizados».


Así comenzaba el manifiesto que el general Torrijos llevaba consigo en 1831, cuando se disponía a lanzar una gran insurrección contra el gobierno absolutista de Fernando Vil. El levantamiento, sin embargo, no llegó a prender. Como otros muchos revolucionarios que actuaron entre 1823 y 1833 —la llamada Década Ominosa—, Torrijos también fracasó, entre la indiferencia de la mayor parte de la población. Pero su ejecución sumaria, junto a casi cincuenta compañeros, hizo de él un símbolo de la causa liberal.

La carrera de José Mar fa Torrijos fue característica de los militantes liberales de La primera mitad del siglo XIX. Tras combatir en la guerra de la Independencia, Torrijos fue nombrado gobernador militar de Murcia, Cartagena y Alicante en 1815, bajo la monarquía absoluta restaurada. Pronto se implicó en conspiraciones libera les contra el gobierno, por lo que fue arrestado y encarcelado en 1819. Al restablecerse el régimen constitucional en 1820, luchó contra los realistas y en 1823 hizo frente al ejército de los Cien Mil Hijos de San Luis, que invadió España para restaurar el absolutismo. Tras la capitulación, Torrijos marchó al exilio, primero a Francia y luego a Inglaterra, donde se estableció a partir de 1824. Allí vivió con su mujer de una modesta pensión y de su trabajo como traductor. Pero, sobre todo, conspiró y soñó con una España liberal.

La revolución francesa de julio de 1830 dio nuevas alas a los liberales españoles en sus ansias por derrocar el régimen de Fernando VII. Ante la dificultad de poner en marcha un pronunciamiento desde el interior, los exiliados confiaban en la estrategia del «rompimiento», es decir, una invasión desde el exterior quedes- encadenaría una insurrección general. Fue con este objetivo como se creó en Londres una junta para promover un movimiento insurreccional en España.

Tanteando el terreno

A principios de septiembre dc 1830, y a instancias de la junta de Londres, Torrijos desembarcó clandestinamente en el Peñón de Gibraltar, donde se reunió con otros conspiradores españoles y un puñado de simpatizantes ingleses dispuestos a dar inicio a la revuelta.

A finales de octubre, Torrijos hizo un primer intento de rompimiento en Algeciras, que fracasó. En enero de 1831, con un grupo de 30 hombres, volvió a intentar un asalto sobre La Línea de la Concepción, pero también fueron rechazados. Estas intentonas, al igual que la del general Manzanares en San Fernando y Tarifa, igualmente frustrada, sembraron la alarma entre las autoridades absolutistas, que temían que se estuviera gestando una insurrección general en Andalucía. Por ello, se desencadenó una represión implacable contra Los conspiradores liberales, reales o supuestos; entre ellos Mariana Pineda, ejecutada en mayo de 1831.


Las autoridades absolutistas estaban, pues, muy preocupadas por la presencia del general Torrijos en el Peñón, y por ello decidieron preparar una trampa para capturarlo. El cerebro del plan fue el gobernador de Málaga, Vicente González Moreno. Éste, haciéndose pasar por liberal y bajo el nombre en clave de Viriato, dirigió una serie de cartas a Torrijos, que era un viejo conocido suyo, y lo convenció de que si desembarcaba en Málaga tendría el apoyo de los liberales de la región y de las guarniciones militares de la zona para llevar a cabo el levantamiento. Algunos compañeros de la junta de Málaga, conocedores de la situación real del país, trataron de disuadir al general de su temeraria empresa, pero éste no hizo caso. Estaba convencido de que la información que le facilitaba Viriato era totalmente veraz.

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